El fin del mes en Florencia llego mas rápido que otros fines de mes en otras etapas de mi vida. El mes se me paso volando y junto con el mes se termino el principal programa que tenia pensado para el comienzo de mi vida como jubilada. Otros planes ya están revoloteando y espero que de a poco se vayan posando para que pueda examinarlos y decidir si son lo que quiero hacer. Mientras, voy aterrizando lentamente en la realidad. Creo que seria mas adecuado decir que la realidad se me cayo encima de golpe, ya que ni bien llegue, el conflicto entre Israel y los palestinos tomo su forma violenta mas habitual:las sirenas suenan y los misiles caen libremente en mi ciudad. Será que los terroristas del jiad islámico se enteraron que llegue de vuelta y decidieron recibirme con fuegos artificiales y cohetes? Lamentablemente la respuesta es mucho mas seria. Y es terrible que todo el sur de Israel este paralizado (se suspendieron las clases, las madres no pueden ir a trabajar y dejar a los chicos solos en las casas, no hay sonidos de chicos jugando en la calle,muchos lugares de trabajo no pueden funcionar normalmente,el comercio esta parado,etc)y que estemos bajo ataque de misiles de factura China enviados a Gaza por Iran que ya provocaron víctimas, destrozos y nuevos traumas en este día de violencia. Donde quedo Florencia con su paz y su belleza renacentista!
Mis nietos me recibieron con alegría, especialmente cuando empezaron a abrir los regalitos. Me pidieron que traiga Pinochos y trate de traerles variados modelos del muñequito de madera. Mi nieta mayor sabe que se pueden comprar los mismos muñecos en la estación de trenes de Tel Aviv, donde hay un señor que vende mercadería traída de Italia, pero como ella dice - Pinocho de Florencia es mejor que Pinocho de Tel Aviv. Por suerte las nenas no conocen el verdadero cuento de Pinocchio, escrito por Carlos Collodi, un señor nacido en Florencia (la casa donde nació esta cerca del Mercado central, esta señalada por una placa y en la planta baja funciona un negocio de porcelanas)"Una brutta storia", así califico la profe de italiano al cuento de Pinocchio que es un sufrimiento. Pero el muñequito es simpático y los chicos estaban contentos, cada uno con su propio muñeco y las otras cosas que les traje. Mirar a mis nietos, verlos conversar, jugar, reír me produce una alegría única que en la escala de la elevación espiritual esta mucho mas alta que la que me produce la contemplación de una obra de arte. Ellos son obras de amor a las que se puede abrazar, besar y hacer cosquillas. Por las que uno se preocupa si no están bien y por los que uno se emociona cuando descubre la puerta de entrada a la casa llena de dibujos de bienvenida preparados con amor por ellos. Ya hicimos varios planes de actividades compartidas para los próximos días. También tuve que abrir la agenda por primera vez desde el mes pasado y el teléfono empezó a funcionar para recibir los llamados de amigos preocupados por la situación peligrosa (a los que agradezco ya que el apoyo de amigos y familia ayuda a sobreponerse a la angustia provocada por la violencia), pero también para recordarme obligaciones de trabajo y otros compromisos. La frase "tengo que..."
vuelve a ocupar un lugar importante de mi conciencia.
Por suerte tengo una familia divina, Natan y los chicos me apoyaron durante todo mi proyecto del mes de estudios en Florencia, me acompañaron y compartieron conmigo la vivencia. También enloquecí un poco al resto de la familia y a algunas amigas con mis planes, pero siempre me sentí acompañada y apoyada. La experiencia de escribir un blog y por primera vez compartir lo que escribo fue muy satisfactoria. El blog me permitió expresarme, cumplió un poco funciones de diario de viaje e incluso de diario intimo y me permitió comunicarme al mismo tiempo con muchas personas a las que quiero y que querían enterarse de mis peripecias florentinas. Probablemente vuelva a escribir otro blog en algún momento, supongo que hay una forma de superar la exigencia del "tengo que..." y encontrar el silencio interno necesario para escribir.
Me emociono al escribirlo, pero la extraordinaria experiencia de vivir sola lejos de mi familia y de mi casa, la alegría de aprender un nuevo idioma, la belleza de Florencia su arte y su gente quedan atrás. El tiempo paso y el mes termina. "Un mes en Florencia" termina aquí.
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