6.10.11

La música de fondo

La música de fondo de la película que estoy viviendo es muy variada. Temprano a la mañana generalmente se escuchan los ruidos "municipales": la barredora de la calle, la maquina que tira agua y lava la calzada y las veredas y al final el basurero con distintos vehículos según el día (basura orgánica, o papel y cartón y otras categorías) Enseguida después van llegando los puesteros de regalos que arrastran sus puestos sobre un carrito eléctrico , los empleados de los negocios con el ruido de persiana de metal subiendo y junto con ellos, los primeros grupos de turistas con su cacofonía de idiomas. De ahí en adelante el fondo musical esta compuesto principalmente por voces humanas interrumpidas de vez en cuando por los cascos de los caballos de los carros de paseo repiqueteando en el asfalto, los motores de los taxis que esperan pasajeros y el de las motos que van y vienen sin parar (vespas?). Todavía no logre entender por que suenan las campanas (saber por quien suenan las campanas, ya es otra cuestión), a veces suenan a las 8 y 10 de la mañana o las 11 y 20, pero todavía no encontré una regla fija que evite que me sorprenda cada vez. Por suerte es una sorpresa agradable, porque son campanas alegres que suenan para bien. A la tarde, cuando cierran la catedral y la piazza se va vaciando de los grupos de turistas, pero se va llenando de nuevo con gente joven y parejas, van llegando también los músicos: el acordeonista que toca música de Bach y convierte su acordeón en un órgano de iglesia y que corta de vez en cuando la litúrgica con un Adiós Nonino bien marcado; el violinista con su acompañante en el teclado, que ayer a la noche deleito a un grupo de lo que pensé que eran turistas rusos por como aplaudían y gritaban cuando toco un potpurri de música rusa, pero me di cuenta que eran israelíes cuando empezó a tocar "aba naguila", que es lo que tocan los músicos callejeros cuando descubren que sus oyentes son de Israel. Aquí a la vuelta, en la Piazza della República tenemos la música de una enorme calesita con caballos blancos y la de 4 músicos de jazz que tocan viejas canciones americanas y...Adiós Nonino...
Mas tarde el silencio es cortado solo por la melodía del teléfono celular de algún turista trasnochado o por el canto de algún grupo de jóvenes a los que el bell canto les ayuda a digerir la cerveza que tomaron.
Y yo que estoy acostumbrada a dormirme escuchando las olas rompiendo sobre la arena y estoy muy atenta a todos estos nuevos sonidos, solo cierro los ojos y me duermo sin darme cuenta en que idioma estoy soñando.

1 comentario:

Gabriel Bobrow dijo...

...poesía pura :)